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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Capitulo XIX



Un pasado tormentoso…


- ¿Quién era? – ni siquiera dejo que Leonardo entre en la habitación y lo interrogo
- Vístete nena, debemos salir – me apremia mientras el busca su ropa.
- No me has respondido Leo ¿Quién era y porque tenemos que…?- yo misma interrumpo mi frase, pues me doy cuenta que algo ha pasado si nos llaman casi de madrugada y debemos irnos de prisa.
- No sé bien que ocurrió, nena – suspira pesadamente, se acerca a mi para hablarme tan bajito que casi me cuesta oírlo - Nos llamaron porque somos los contactos de emergencia de Miller….la tienen internada en el Mercy, no pueden darme mas información por teléfono, debemos ir allá.



Me congelo en el lugar donde estoy, sencillamente mi cuerpo no responde lo que mi cerebro le indica. Entro en pánico, el mundo me da vueltas ¿qué le pasó a mi amiga? Leo se acerca y me abraza, haciendo así que mi mente este de regreso en la habitación.

- Todo estará bien nena, todo estará bien – susurra en mi oído una y otra vez. Me aferro a su cuello, así como a sus palabras que ahora repito en mi mente como un mantra. Cynthia tiene que estar bien.

Los siguientes minutos pasan como un borrón, cuando me doy cuenta estamos entrando al hospital, mi mente no para de dar vueltas imaginándome cada escenario posible. Nos acercamos a un puesto de enfermeras donde Leonardo pregunta por mi amiga, después de indicarle quienes somos, nos muestran la habitación donde mi hermana de vida esta internada.



A medida que nos aproximamos a su puerta mi agarre a la mano de Leo se aprieta más y más, siento que mis rodillas no pueden sostenerme, y doy gracias a Dios por tener a mi esposo a mi lado, no sería capaz de hacerlo sin él.  Al cruzar la esquina lo primero que noto es que hay algunos varios oficiales de la policía algunos de uniforme y otros van de traje; hablando con un medico, justo en la puerta de la habitación 503, que es donde nos indicaron que está Cynthia. A medida que nos acercamos hacen silencio y nos miran.

- Buenas noches – saluda Leo a mi lado – Soy Leonardo D’Lucca y ella es mi esposa Tatiana, nos llamaron para que viniéramos porque nuestra amiga, Cynthia Miller, está ingresada aquí. Pero no nos han dado ninguna otra información importante – su voz es calmada, pero sé que está alterado, pues prácticamente sus dientes están por estallar por lo fuerte que ha estado apretando su mandíbula.

 - Buenas noches – extiende la mano el policía con traje – soy el detective Larson, yo lo llamé. ¿Podría por favor mostrarme alguna identificación? Solo por rutina y seguridad – explica luego de unos segundos.

Leonardo le muestra los documentos que le solicitó. Nos presenta al galeno que esta a cargo del caso, el Dr. Amaya, quien nos explica que Cynthia ingresó en estado prácticamente de shock, muy alterada y nerviosa. Además presenta un golpe en la mejilla derecha y también unas marcas en los brazos, lo que indica que hubo algún tipo de forcejeo con alguien, además parte de su ropa estaba hecha jirones.

Por más que lo intento, no puedo reprimir el  pequeño grito ahogado que sale de mi garganta, y eso que llevo las manos a mi boca. Leonardo me atrae más a su cuerpo, las lágrimas no pierden tiempo en aparecer. Mientras lloro silenciosamente en el pecho de mi marido, el medico continua explicando la condición de mi amiga.

- Dadas las condiciones de la Srta. Miller, tuvimos que hacerle un examen para descartar…para descartar algún tipo de violación
- ¡No por favor, Dios mío no, de nuevo no por favor! – Suplico, al parecer no tan silenciosamente como habría querido pues Leonardo me mira con el ceño fruncido – solo espero que los demás no me hayan escuchado.
- Gracias a Dios, no fue el caso - explica el Dr. Amaya después de unos segundos – Pero de igual manera dimos parte a la policía por los golpes y el estado de la paciente. Ahora está sedada, fue la única manera de calmarla para que descansara un poco. Todavía no ha despertado. Aquí el detective está esperando para poder hablar con ella. Quizás ustedes puedan ayudarlo. Voy a revisar otros pacientes y regreso en un rato. No duden llamarme cualquier cosa – con un apretón en el hombro de mi esposo se va para continuar con su labor.
-Les daré unos minutos – nos indica el detective- pero me gustaría hacerles algunas preguntas si es posible.
- Gracias. – responde Leonardo mientras nos dirige a unas sillas que se encuentran un poco mas allá de la habitación.

Por más que lo intento no puedo parar de llorar, solo de imaginarme el infierno que debe haber pasado mi amiga, y cuantos malos recuerdos deben haber regresado esta noche. Leo me abraza susurrando para que me calme, me repite que Cynthia no puede verme así, que debo ser fuerte por ella, lo sé, pero mi corazón no deja de llorar por ella y toda esta situación. Después de varios minutos, logro calmar un poco los sollozos que aún me atacan. Levantando mi rostro de la mojada camisa de mi esposo para poder mirarlo a su muy preocupada cara.

- Lo siento – hablo con voz ronca por el llanto – tu camisa es un desastre.
- Nena, lo que menos me importa en estos momentos es la camisa – me indica secando algunas de las lágrimas que se escapan de mis ojos para correr por mis mejillas, me da un pequeño beso en los labios, lo que me hace medio sonreír, o al menos hacer una mueca de intento  - vamos a hablar con la policía y esperar que la flaca se despierte para que nos pueda decir que sucedió ¿OK? – solo logro asentir en respuesta.

Nos levantamos para acercarnos al grupo de policías, pero el detective Larson nos indica esperemos en el lugar en donde estamos.

- Creo que la Sra. D’Lucca estará mas cómoda sentada – explica una vez llega a nosotros.

Inicia una serie de preguntas, sobre de dónde nos conocemos, desde hace cuánto tiempo y cosas así, que a mi parecer no son de mucha relevancia para saber que pasó, no es que yo sepa mucho que hacer en un caso así, por lo que simplemente me limito a responder cada uno de sus cuestionamientos.

- ¿Cuándo fue la ultima vez que vieron o supieron algo de la Srta. Miller? –pregunta el detective
- Anoche, tuvimos una noche de chicas – explico de inmediato – mi esposo me pasó a recoger por Mango’s Tropical Café a eso de la una y media de la madrugada, ella se quedo allí con Megan, pues Kate se vino con nosotros.
- ¿Había alguien más con quien iban a encontrarse o con quien salieran, además de ustedes cuatro?
- Solo nosotras, como le dije, era una noche de chicas, conversar y pasar un rato entre amigas.
- Le puedo asegurar detective, que la Srta. Miller es una persona seria, no es de esas chicas que van de bar en bar buscando un revolcón de una noche… - Leo esta furioso.
- No es mi intención molestarlos Sres. D’Lucca, ni estoy insinuando nada, mucho menos ofendiendo a su amiga – aclara Larson – solo trato de saber que pudo haber pasado.
- Pues habrá que esperar que se despierte Miller y que ella nos explique qué demonios ocurrió – dice Leonardo cortante, sé que no le gustó nadita la pregunta e indirecta del policía.
- Me gustaría hablar con su otra amiga, Megan, a ver si sabe algo más.
-Seguro, ya la llamo y le pido venga para acá así puede interrogarla – no quise sonar grosera, pero en realidad todo esto me está superando.
- Solo voy a hacerle unas preguntas Sra. D’Lucca, no voy a interrogarla – dice con una sonrisa amigable el detective.

Para cambiar un poco el tema, le pregunto cómo llegó Cynthia hasta aquí, pues en ningún momento nos lo mencionaron. Explica que ella prácticamente se estrello con un policía, venía corriendo, llorando, gritando y muy alterada. Solo le pedía que la sacara de allí y alejara de él. Éste al ver que se encontraba herida, no dudo en traerla al hospital. Gracias a Dios tenia su cartera y pudieron contactarnos. Llamo a Megan pero  después de algunos repiques me cae la contestadora, le dejo un mensaje diciéndole que nos encuentre en el Mercy, que estamos bien pero que necesito que venga.

 Después de conversar un poco más, me excuso y le pregunto a una enfermera si puedo entrar a la habitación. No quiero que Cynthia despierte sola, de seguro aun debe estar muy asustada. Leo me acompaña y en el mayor silencio entramos.



Me acerco a mi amiga que a pesar de que esta dormida, puedo notarla inquieta. Le acaricio la cabeza y le doy un beso en la frente, no quiero despertarla, pero quiero que sepa que estamos aquí con ella. Las lágrimas encuentran  nuevamente su salida, me volteo y me hundo nuevamente en mi lugar favorito del mundo, los brazos de mi esposo. No me dice nada, solo acaricia mi espalda para calmarme. Me insta a que nos sentemos, aquí en silencio esperando. Pasan los minutos y todo continúa igual. Al cabo de una media hora, entra una enfermera, revisa los vitales de mi amiga, nos dice que sigue estable, que aún va a dormir un poco más de tiempo por si deseamos salir a tomar algo. Inmediatamente niego con la cabeza, de aquí no me muevo hasta que despierte. Leo decide ir a buscarnos un poco de agua y café, por más que insiste no acepto comida, no podría comer nada, dudo que siquiera el líquido pueda pasar por mi cerrada garganta, pero por él  haría el intento.

Unos quince minutos mas la puerta se abre lentamente, volteo esperando a Leo, pero es Megan, quien de inmediato se lleva una mano a la boca para acallar el grito que se le escapa una vez que mira a Cynthia en la cama. Le hago señas  para salir y hablar afuera, así la no despertamos, además puedo saber que paso en Mango’s después de que me fui.

- Tati – dice mientras me abraza- lamento perderme tu llamada, estaba duchándome, apenas salí leí el mensaje y me vine prácticamente volando. ¿Qué paso? – pregunta Megan angustiada.
- No sabemos, tuvieron que sedarla porque estaba muy alterada y aún no despierta.
- ¿Pero, cómo….tiene un golpe en la cara, quién se lo hizo?
- No sabemos, por eso te llamé. Con quién se reunieron, a quién vieron después que Kate y yo nos fuimos – paso las manos por mi rostro, esto me esta matando – asumen que alguien intentó forzarla, pero gracias a Dios no paso nada de eso.

En este instante se acerca Leonardo con cafés en la mano, como intuyendo que nuestra nueva amiga estaría aquí le extiende uno, dándole un beso en la mejilla a modo de saludo. Luego posesionándose a mi lado. Volteo a verla indicándole que continúe contando.

- Hola Leo – dice como apenada, y continúa - nos quedamos un rato mas, bailamos, tomamos unos tragos, pero no estábamos borrachas de verdad - explica Megan mirando a Leo, quien asiente a modo de respuesta-  nos divertimos mirando a la gente en la pista de baile y conversando de todo un poco, simplemente conociéndonos. Después de hora y media, estaba agotada, por lo que ya estábamos culminando la jornada y haciendo nuestro camino a casa, de hecho prácticamente estábamos pagando la cuenta para irnos cuando se acercó tu amigo, el de más temprano.
-¿Qué amigo? – pregunta enseguida Leonardo, extrañado.

Mi corazón da un vuelco con la mención de ese hombre, sabía desde el momento que lo vi, que solo traería problemas. Y yo de estúpida yo que no les dije nada a las chicas, porque me distraje con la llamada de Leo, cuando volví no lo vi con ellas y se me olvido advertirles.

- Le dije a Cynthia que no me daba buena espina ese tipo, por muy amigo que dijera ser de Leonardo – explica O’Connor con cierto temor – pero ella no me hizo caso, me dijo que tomaría una copa con el y luego se marcharía.
- ¿De qué amigo están hablando? – repite su interrogante mi esposo, que ahora pasa de extrañado a preocupado porque ninguna le responde.
- ¿Qué pasó después Megan? – Decido que por el momento es mejor ignorar a Leo – ¿Cynthia se quedó con… con él?
- Me ofrecí a acompañarlos a pesar de lo cansada que estaba, pero ella me dijo que estaría bien – las ultimas palabras son solo un susurro.
- ¿Me van a decir de quién demonios están hablando, cuál es ese supuesto amigo mío? – grita Leonardo furioso, haciendo sobresaltar a Megan quien lo mira con los ojos muy abiertos; hasta las enfermeras y los policías que están a escasos metros de nosotros se giran para ver que ocurre.

Megan me ve sin saber que hacer, trata de pronunciar palabra pero sencillamente no puede, en sus ojos veo la culpa y la duda; aunque no tiene porqué sentirse de ese modo, no había nada que pudiera hacer para evitar lo que sucedió y así se lo hago saber cuando me acerco a ella para confortarla en un abrazo. También hay algo de miedo allí y la entiendo, mi esposo puede llegar a ser intimidante cuando se lo propone. Me volteo a mirarlo negando con la cabeza a manera de regaño para que entienda que hizo mal al gritarnos así, pero sobre todo a esta chica. Él lo entiende de inmediato, aunque aún hay furia en sus ojos.

- Lamento gritarles de esa forma, no debí explotar así. Por favor discúlpame Megan. Es solo que soy muy protector con los míos, esa chica de allí – dice señalando el cuarto donde aun duerme Cynthia – es una hermana para Tati, por lo tanto es una hermana para mí. Cuido a las personas que son importantes para nosotros – nos mira mientras continuamos abrazadas - ahora tú formas parte de ese grupo, pequeña, así que gritarte definitivamente estuvo mal. ¿Me perdonas? 

Megan se separa de mí, asombrándome le da un abrazo a Leonardo quien también se ha extrañado por la acción de la chica, pero se repone rápidamente y le devuelve el gesto.

- Ahora, por favor podrían decirme el nombre del amigo misterioso. – pregunta Leo con cautela.
- Aaron Foster – respondo sin poder eludir más el tema.
- ¿¡Qué?!...



Leonardo se ve interrumpido por unos gritos provenientes del cuarto 503. Todos corremos al instante a ver que sucede, pues es Cynthia la causante del alboroto en ésta área del hospital. Nada mas entrar corro para estar al lado de mi amiga que en cuanto me ve me abraza y se pone a llorar , me dicee cosas que no logro entender. Intento calmarla, pues el medico que también termina de entrar a la habitación le ha pedido a la enfermera un sedante para Cynthia.



- Shh  shh todo va a estar bien catira, pero debes hacer un esfuerzo por tranquilizarte, si no van a tener que sedarte nuevamente - a lo que ella niega frenéticamente con la cabeza. - Por favor amiga, estoy contigo – le suplico mientras le acaricio el cabello como si fuera una pequeña niña – estamos contigo.

Antes que el medico se acerque con una pequeña jeringa en su mano, Leonardo se le acerca, le dice algo mientras nos señala, y aunque no logro escuchar nada de su conversación, sé que le esta pidiendo que no le coloque la medicina a mi amiga.

- Voy a estar tranquila, lo prometo – suplica Cynthia con voz ronca por el llanto y el sueño – solo…no quiero dormir por favor, las pesadillas son peor que la realidad – explica en un susurro y mi corazón sufre por ella.
- Esta bien Srta. Miller, no voy a sedarla por el momento, pero si se altera nuevamente no tendré más opción que darle el medicamento. – Acepta el Dr. Amaya – voy a revisarla un momento y después puede conversar con sus amigos. También la policía querrá hacerles algunas preguntas. Pero no se preocupe les daré un tiempo a solas antes de que el oficial venga a hacer su trabajo.

Después de chequear que todo este bien con Cynthia, el medico y las enfermeras salen de la habitación, dejándonos solo a nosotros cuatro en un silencio que al parecer nadie se atreve a romper.

- Creo que lo mejor es que les de algo de privacidad – dice Megan luego de unos minutos, acercándose a la puerta para dejar la habitación.
- No Meg, por favor quédate – ruega Cynthia desde su cama.
- ¿Estás segura? No quisiera…
- Debí escucharte – la interrumpe mi adolorida amiga -  si soy sincera con todos – dice mirándonos a Leo ya  mí – tampoco me daba buena espina, además que no me perdí el hecho de cómo Tati se puso tensa cuando se presento mas temprano. Amiga eres transparente para todo aquel que te conoce.
- ¿Entonces por qué decidiste quedarte con él Miller? – pregunta Leonardo
- Quería saber que escondía detrás de su falsa sonrisa, y de ese cuento de que son viejos amigos. – Explica encogiéndose de hombros – solo que no pensé que de verdad encontraría a un lobo detrás de su disfraz – estas ultimas palabras las pronuncia con lagrimas cubriendo su rostro.

Le acaricio el cabello tratando de consolarla, pero dándole ánimos para que continúe contando su historia, y asi poder saber que paso. Leo le tiene tomada su mano, señal de que a su manera esta apoyándola, al igual que Megan que esta sentada del otro lado de esta inmensa cama de hospital donde Cynthia se encuentra acostada.

- Después de unos minutos donde me explicó que había estudiado junto al gran Leonardo D’Lucca en la universidad, sus palabras no las mías – explica Cynthia con algo parecido a una sonrisa – no es que no lo seas Leo, en fin -  continua – me di cuenta el resentimiento que tiene ese hombre hacia ti, está total y complemente envidioso de lo que has logrado y de lo que tienes – dice mirándome, como dando a entender un punto.
- ¿A ver catira, entonces si te diste cuenta que no era alguien con quien estar por qué no sencillamente te fuiste de allí y ya? – solo quiero entender como mi amiga termino golpeada y casi violada.
- La verdad no lo sé – confiesa, puedo ver en su rostro reflejada la vergüenza y la confusión.
- Explícate Miller – la anima mi esposo.
- Me despedí de….él, diciéndole que era bastante tarde y que debía tomar un taxi pues como había estado bebido no lo creía prudente. Se ofreció a llevarme pero me negué a pesar de lo mucho que lo pidió - bufa, por lo que sumo esta recordando ese momento – lo que sí acepté  fue que me pidiera el taxi, ese fue mi error. Me monte en el auto, le di la dirección al chofer. Me puse a revisar mi teléfono y las miles de notificaciones que tenía pendientes. Estaba tan concentrada en eso que no me di cuenta que había tomado otro camino hasta que se detuvo en edificio, que claramente no era el mío. En cuanto fui a indicarle su error, ya él estaba allí abriéndome la puerta y prácticamente obligándome a salir fuera del auto.
- Maldito desgraciado – masculla entre dientes un Leonardo furioso - ¿qué más pasó Cynthia? – la apremia.
- Le pregunté qué demonios hacía y juro que trate de impedirle me arrastrara hasta el interior, pues estaba conciente que si entraba allí seria mi perdición –nuevamente las lagrimas hacen acto de presencia en el rostro de mi afligida amiga -  de repente me dio una fuerte bofetada y empezó a gritarme que de una u otra manera me obtendría, que lo mejor que podría hacer era colaborar y no hacer las cosas mas difíciles.



 - OH por Dios – replicamos al unísono una consternada Megan y yo.
- Pero ya no tengo once años Tati, ni mi hermano esta en la habitación de al lado para venir a rescatarme, solo estaba yo… y primero muerta – sentencia, sus lagrimas habían cedido por el momento, y lo que pude ver en sus ojos fue rabia, dolor y frustración.
- Lo sé, Cynthia, eres mucho mas fuerte ahora, una valiente guerrera – digo, esta vez soy yo la que tiene lagrimas en los ojos – estoy orgullosa de ti y lamento mucho no haberte prevenido de ese idiota.
- No es tu culpa, ni de nadie, solo de él. – Respira profundo como insuflándose fuerzas para continuar – Creo que esa momentánea valentía solo lo excitó mas pues empezó a manosearme allí mismo en la calle y a tratar de arrancarme la ropa, yo le gritaba que me soltara e intentaba golpearlo, pero su fuerza era mayor que la mía, por lo que sus golpes fueron más dolorosos, se los aseguro. Me tumbó al suelo y se cernió sobre mi, decía cosas sin sentido mientras me besaba y me tocaba…- pasan unos minutos, en los cuales Cynthia esta con los ojos cerrados, no decimos nada, la dejamos que se tome su tiempo para que continúe, lo cual hace sin abrir aun sus ojos – aproveché un pequeño descuido, el idiota trato de sacar a su “amiguito” para que yo lo, para que … lo golpeé fuerte en sus partes no tan nobles y cuando se doblo del sufrimiento, pues para mi repulsión estaba totalmente erecto, por lo que debió ser doblemente doloroso, aproveche y salí corriendo. Recuerdo toparme con un policía y pedirle ayuda, pero para ese momento ya estaba totalmente fuera de mí, creo que solo me mantenía de pie el miedo. En cuanto me sentí segura, sencillamente me desplomé. Lo siguiente que recuerdo fue despertar asustada y es cuando ustedes entraron a la habitación.
- ¿Flaca, recuerdas cuál edificio era? – pregunta Leonardo con tono amable pero igualmente autoritario
- Ese que esta en la Brickell Av. El numero 14 algo, la verdad no estoy muy segura. Ese acristalado que esta cerca del Four Season, al menos allí se detuvo el taxi en primer lugar.




Y así sin mas Leo sale enfurecido de la habitación, sin escuchar nuestros gritos y llamados, y por la mirada en su rostro sé exactamente lo que va a hacer; no es que no piense que el desgraciado de Aaron no se merezca los golpes que de seguro piensa propinarle mi esposo, si no fuera porque creo que ninguno de los presentes me lo permitiría, yo misma fuera hasta allí a darle su merecido. Pero Leonardo está demasiado furioso y temo la locura que pueda cometer.

De inmediato entra una enfermera seguida por el detective, asumo que nuestros gritos de llamado los guiaron hasta acá. Después de indicarles que esta todo bien, y de una pequeña discusión con el policía, pidiéndole un poco de tiempo para que tomar la declaración de Cynthia, lo que menos quiero es que tan rápido tenga que volver a explicar y recordar todo lo sucedido. En su lugar Megan accede a responder sus preguntas mientras le da un merecido descanso a nuestra amiga. Mientras ellos salen para que Cynthia pueda tomar una siesta, la enfermera nos explica que debe darle la dosis de analgésicos, para evitar tenga dolor, y de esa manera pueda reposar un rato y recobrar fuerzas. Los cuales mi amiga acepta sin replicar, asumo que esta agotada después de contarnos lo sucedido. Espero hasta que esta profundamente dormida para salir y llamar a mi esposo, mis nervios aumentan cuando después de un par de repiques salta a la contestadota.

- “Por favor Leo, no hagas nada de lo debas arrepentirte luego. Te amo… Llámame” – cuelgo después de dejarle ese mensaje, aunque a estas alturas no sirve de mucho.

Antes de guardar el celular en mi bolso, suena el timbre, con un respiro de alivio atiendo, pero mi tranquilidad es fugaz, pues se trata de otro D’Lucca, pero no precisamente mi marido.

- Hola Tati.
-Ah Hola Arturo – enseguida me encojo, no es mi intención que mi voz sonara tan decepcionada.
- Vaya, puedo notar que te alegra mucho escucharme – aunque suena a reclamo, en el fondo puedo escuchar su risa.
- Lo lamento, pensé que era otra persona, siempre me alegro cuando me llamas, sabes que adoro hablar contigo.
- ¿Y también te gusta verme? - Pregunta como siempre socarrón – Por que estaba pensando invitarlos a almorzar.

Después de explicarle a mi suegro brevemente que hoy era imposible, pues Cynthia estaba internada por un pequeño incidente, no creo sea buena idea contarle que la golpearon y casi violaron en la calle, hay cosas que mejor guardarlas en secreto. Me pide que le avise en caso de que se nos ofrezca algo, que más tarde pasaría por acá, y que la comida la dejábamos para otro día. No pasan cinco minutos tras colgar la llamada cuando mi teléfono suena nuevamente, con otro de los hombres de la familia, pero tampoco resulta ser mi esposo. Por supuesto es el nonno Angelo que se preocupa por la flaca, mi suegro le acaba de contar, amablemente promete pasar a visitarla en el transcurso de la tarde. No sé si a Cynthia le gustarán tantas visitas, pero también sé que adora a estos hombres al igual que yo.  Decido enviarle un mensaje por whats app a mi desaparecido marido, el cual tampoco responde. Tengo que ocuparme de mi amiga, después me preocupare por mi esposo.

Megan se une a mí, trayendo dos tazas de café, al parecer esto es lo único que podemos ingerir por el momento. Me debato entre notificarles a los Miller, se volverán como locos cuando sepan lo que le pasó a su hija, y se molestarán mucho conmigo por dudar siquiera en avisarles, pero en este momento solo me preocupa la tranquilidad de Cynthia, así que decido esperar para consultarlo con ella antes de tomar cualquier decisión.

Las horas pasan lentas en el hospital, Cynthia finalmente rinde su declaración, aunque debo admitir, lo hace en una pequeña versión un tanto resumida, no es que diga alguna mentira, simplemente obvia algunos detalles, no la culpo. El detective se retira procurando mantenernos al tanto, pues va a buscar a ese infeliz para detenerlo, también nos explica que no puede prometernos se quedará mucho en la cárcel, pues si bien cree y confía en que todo lo que le hemos dicho es verdad, no nos puede asegurar nada. Intento nuevamente y de manera infructuosa comunicarme con mi esposo. Sobre todo cuando su padre y abuelo llegan al hospital y preguntan por él. Tengo que decirles una mentira blanca para no preocuparlos, gracias a Dios me creen, o al menos no insisten en el asunto. Después de un rato se retiran sin ver a mi amiga, ella no quiere que la vean así, con un ojo morado y tan vulnerable, por lo que con otra mentira les digo que esta dormida.  

- ¿Qué haces tú aquí? – después del agotador día que he tenido, esta mujer a la ultima persona a quien quiero ver, o escuchar, ni hablar en este caso.
 - Hola Emily, buenas tardes ¿cómo estás? – es mi respuesta, si un poco sarcástica, pero que puedo decir no es mi mejor día.
- No estoy de humor para tus niñerías Tatiana por favor, me puedes responder ¿es qué acaso le sucedió algo a mi Leo? – Cuestiona alarmada la elegante Sra. Stone - ¿Por qué no me avisaste? no puedo creer que seas tan desconsiderada.
- Leonardo está bien – al menos eso espero – no estamos acá por él, así que puede estar tranquila.
- ¿Y entonces qué haces aquí? No es que sea el mejor lugar para tomarse un café, querida – y aquí tenemos de regreso a la suegra, adiós mamá preocupada.

La verdad si estoy reacia a explicarles a los hombres D’Lucca la razón del porque mi amiga termino internada en el Mercy, está mujer seria la ultima persona a quien contárselo. Megan parece darse cuenta de mi duda y sale en mi ayuda.

- Me esta acompañando a visitar a una amiga. Quizás si se detiene a escuchar las respuestas de las preguntas que usted misma hace, en vez de armar un drama en su cabeza, a lo mejor todo lo tuviera claro – responde con un todo calmado, como cuando le explicas algo a un niño de cuatro años.
- ¿Eso es verdad, Tatiana y a fin de cuentas quién es esta  – voltea a mirar a Megan de arriba abajo, como estudiándola – amiga tuya?.



Megan la observa de la misma manera.



Y es cuando finalmente reacciono, ya se donde he visto lo ojos de la pequeña O’Connor, son parecen a los de Emily Stone, hasta podría decirse que son iguales, si no las conociera diría que definitivamente estas dos mujeres son familia.

- Mucho gusto – dice mi amiga tendiéndole la mano a mi suegra – soy Megan…- se ve interrumpida cuando otra elegante mujer, pero a leguas odiosa y estirada, se acerca a decirle a Emily que ya es hora de irse. Gracias a Dios.

Con un suspiro de derrota me acerco a las sillas mas cercanas, estar con esta mujer me agota hasta el cansancio. Megan esta sumamente sorprendida cuando le confieso que Emily es en realidad la mama de Leo. La verdad hay días en que yo misma lo pongo en duda.

Mi teléfono suena desde el fondo de mi bolso, con la esperanza que sea mi esposo lo atiendo.

- Hola.

- Buenas tardes Sra. D’Lucca es el oficial Larson…no le tengo buenas noticias.



miércoles, 15 de octubre de 2014

CAPITULO XVIII

                                                     
Otro capitulo del pasado que dice presente…


                                                                                     Aaron Foster
      

- ¿Qué demonios quieres, Foster? – le pregunta mi esposo al misterioso hombre que no deja de mirarme
- Por favor D’Lucca, ¿Qué maneras son esas de hablarle a un viejo amigo? –dice mientras niega con la cabeza, alarga su mano hacia mí – hola preciosa, soy Aaron Foster y estoy verdaderamente encantado de conocerte.

Ante este gesto Leo inmediatamente se levanta de su asiento, dejándome prácticamente detrás de el, impidiéndome así ningún contacto con este hombre.

- Ya veo, hoy nos levantamos posesivos, D’Lucca – afirma Aaron con una sonrisa petulante - ¿No te apetece compartir, como en los viejos tiempos?
¿Compartir? Que alguien me explique, porque siento que entré a una dimensión desconocida, sé demasiado bien que no tengo a un santo por esposo, y que ha tenido una vida sexual muy activa, pero por mas que lo intente, no puedo imaginarlo en un trío y muchos menos si hay otro hombre implicado, él no haría eso ¿O sí? A pesar de mi monólogo interno, decido dejar mi punto muy claro.

-Pues al menos yo no comparto cuando se refiere a mi esposo Sr. Foster – por su cara de asombro veo que lo he agarrado con la guardia baja, imito su gesto anterior y extiendo la mano hacia el – soy Tatiana D’Lucca, y en cuanto a conocerlo, no puedo decir que sea mi momento favorito del día.

- Te lo voy a preguntar una vez más Aaron, ¿Qué demonios quieres? – Alza la voz Leonardo tomándome por la cintura – ya saludaste, si sólo era eso puedes irte por donde llegaste. Estás interrumpiendo y ciertamente no eres bienvenido.
- Nunca pensé que vería el día que el gran Leonardo Arturo D’Lucca  fuera domesticado – se burla mientras se levanta de mi silla – ya nos veremos de nuevo, preciosa – dice guiñándome un ojo girándose para irse con una sonrisa perversa en su cara.

A Leo no le gusta el pequeño gesto juguetón de su amigo e intenta ir tras él, pero lo tomo del brazo para impedírselo. Lo que menos quiero es un espectáculo, además que amo la comida de este lugar, no estoy para peleas de gallitos. Yo tengo hambre.

- No vale la pena, amor. Mejor terminemos nuestra cena. Me he portado bien así que creo que merezco el premio que me prometieron – hago el intento por olvidar, al menos de momento, este mal rato. Ya luego me explicará eso de compartir, eso es seguro.
- Tienes razón, como siempre – dice Leo aun con una sonrisa demasiado fingida, la cual decido obviar, por ahora – pidamos la cuenta y vamos a bailar nena.

Salimos del restaurante directo a Fontainebleau Liv, un lugar excelente que fusiona el atractivo de un lounge súper exclusivo con un club nocturno de alta energía. Cuenta con más de 18,000 pies cuadrados de un espectacular diseño arquitectónico y lujosa decoración, donde los DJ exponen todos los estilos de música, desde rock a hip hop o house. Ofrece un trato ultra VIP pues cuentan con seis palcos privados, cada uno con servicios de bebidas europeas, minibar.  El diseño voyeurista del club nocturno permite ver todo el lugar desde casi todos los ángulos, mientras atrevidos espectáculos calientan la noche con los bailarines más sexy de los escenarios locales.     



Aunque el lugar esta muy de moda y hay una larga cola para ingresar al local, gracias a nuestros pases VIP entramos sin ningún retraso. Como es de esperar esta abarrotado de gente que quiere disfrutar la noche, y todo lo que ello implica. Ciertamente nuestro ánimo no es el más adecuado, en realidad creo que no es buena idea haber venido. No sé quien es ese Aaron Foster, pero ya lo detesto por el simple hecho de haber puesto a Leonardo en el estado sombrío que se encuentra. El recorrido desde Il Gabianno hasta acá, aunque muy corto, lo hicimos en el  mismo  sepulcral silencio que nos acompaña hasta uno de los palcos privados. Casi prefiero estar con el resto de las personas y el bullicio que tiene formado.



Después de sentarnos y que Leonardo pidiera algo para beber, me disculpo para ir al sanitario. Quizás necesita unos segundos solo para dejar ir lo que sea que lo esté molestando. Al cabo de unos veinte minutos, en los cuales no hice más que estar sentada en una de las bellas y exclusivas butacas que están en la entrada de los baños decido regresar. Descubro que mi marido no se encuentra en la estancia, pero si nuestras bebidas. Suspiro y tomo mi margarita intentando no hacer erupción en este instante. No pasan cinco minutos y Leo entra, pero acompañado, por dos hermosas mujeres muy bien arregladas, en realidad son casi media docena, y únicamente conozco a dos de ellas. Cynthia y su compañera del trabajo Cristina.

Resulta que mi querida amiga salió a una noche de chicas, sin invitarme, cuándo se lo reclamo, se excusa diciéndome que ahora soy una señora, aun no decido si tomar eso como un insulto, mas tarde lo pensaré. Leo pide bebidas apara todas. Se sienta a mi lado pasando su brazo por mis hombros, acercándome a el.

- Hola – dice en mi oído.
- Creí que me habías abandonado – respondo en su lugar
- Vi a Miller abajo, entre la multitud, pensé te gustaría saludarla.
- Siempre es bueno verla.
  
Continuamos en silencio, a pesar de que las chicas tienen su fiesta armada a solo unos pasos de donde estamos sentados, nuestros ánimos están por el piso todavía.

- Lo lamento -  expone dándome un beso en la sien
- ¿Por qué exactamente?
- Por lo que sea que te tiene molesta – yo sencillamente resoplo por lo que mi esposo me mira levantando una ceja.
- ¿Volvimos a la adolescencia? Si te disculpas al menos debes saber la razón, no lo hagas por contentarme, las cosas no funcionan así Leonardo.
 - Lamento ser un idiota –
- Eso está mejor, aunque no eres un idiota, sólo estas actuando como uno.
 - Siento haber arruinado la cita nena, prometo recompensarte con otra – se excusa mientras me sienta en su regazo.
- La noche aún no termina, por lo que tienes la oportunidad de mejorarla y volver a dónde estábamos cuando nos interrumpieron – expreso melosa, aunque lo que menos quiero es recordar al extraño amigo de mi esposo, quiero terminar de pasarla bien.
- Esa es la segunda mejor cosa que he escuchado esta noche – dice muy pegado a mis labios, rozándolos con su lengua.
- ¿Cuál. es. la. primera? –pregunto entre besos.
- Escucharte decir que no me compartes, pues tampoco lo hago, menos cuando se trata de ti. Tú eres solo mía, de nadie más.

No puedo decir una palabra después de eso, pues sus labios devoran los míos, poseyéndolos, dejando claro a quien le pertenecen. Nuestras manos recorren el cuerpo del otro, como si no pudiéramos tener suficiente. Me aprieta por la cintura, pegándome aun más a él, si es que eso es posible. Nos encontramos en nuestra burbuja personal, donde nos olvidamos de todo lo que nos rodea, hasta que una familiar voz nos hace regresar a la  realidad.

- ¡Por Dios, búsquense una habitación! – Nos grita Cynthia sentándose a nuestro lado – acaso no saben que es mala educación comer delante de los pobres. ¿Leo de verdad estas seguro no tienes un medio hermano por allí, en algún lugar? A estas alturas hasta con una media hermana me conformo. – expone dramáticamente.
- ¿Tiempo de sequía Miller? – acusa divertido mi esposo
- LEO – lo reprendo, pero estos dos solo se ríen.
- OH, no tienes una idea. Creo que he gastado la mitad de las reservas de baterías de la Florida con mi amigo…
- ¡Por Dios, Cynthia Carolina! – le riño, esta mujer definitivamente no tiene filtros al momento de hablar.
- Ya pareces mi madre, Tati. Para ser una mujer casada, sigues siendo demasiado mojigata, o es que este hombrecito de acá – dice mi amiga señalando a Leonardo que no para de reírse -  es puro cuerpo de infarto, voz sexy, pero a la hora de té, no sabe cómo usarlo, eso sería una verdadera lástima. – razona afligida

Mi grito ahogado y las carcajadas de Leonardo se confunden, como es de esperar Cynthia se una a mi esposo para burlarse de mí, así es siempre que estamos los tres juntos. Por más que hago lo posible por no unirme a ellos, fracaso estrepitosamente, y terminamos casi llorando de la risa.

- Miller, puedo asegurarte sin temor a equivocarme, que he aprendido algún que otro truco por el camino. Y nunca he tenido quejas de mi esposa- explica aún entre risas.
- Eso es verdad, aunque no quiero ni pensar de dónde o con quién obtuvo la experiencia, debo decir que soy más que feliz de ser yo quien la disfrute – si no puedes contra el enemigo, úneteles. ¿Verdad?
 - ¡Así se habla pequeña! – Me premia mi amiga – y por favor no me vuelvas a llamar Carolina, aunque amo a mi madre, no me gusta mucho llamarme como ella, al menos es el segundo nombre.
- Me gusta Carolina…creo que ahora te llamare así en vez de Miller, es mas personal. – se burla Leonardo levantando sus cejas juguetón.
- Ni se te ocurra, D’Lucca – amenaza – por cierto, mis padres llegan el lunes y me preguntaron si podían reunirse un día con nosotros para almorzar o cenar, lo que mas les convenga.
- Seguro, ya cuadraremos algo – respondo inmediatamente, miro a Leo quien afirma con la cabeza dándole respaldo a mis palabras.


                                                                                   Carolina y Robert Miller

Carolina y Robert Miller son dos personas maravillosas. Tan cariñosos y espontáneos como lo es su alocada hija. No han perdido las ganas de vivir ni su alegría a pesar de la más dura prueba que les ha puesto la vida.  Robbie el hermano mayor de Cynthia, murió en Afganistán, o al menos esa es la historia oficial, es un tema que en realidad nunca estuvo muy claro, en lo que a mí respecta.

Robert Jr. se enlistó con apenas diecisiete años después de rogarle y suplicarle a sus padres lo autorizaran a ingresar al ejército de los Estados Unidos, por mas que intentaron persuadirlo para que al menos esperara un poco para que cumpliera su mayoría de edad, no hubo fuerza en el mundo que lograra hacerlo cambiar de opinión. De hecho cualquiera que lo conoció puede afirmar, que definitivamente nació para eso.  Entró a las Fuerzas de Operaciones Especiales, más específicamente en la Unidad de Misiones Especiales formando parte del 1° Destacamento-Delta Operacional de Fuerzas Armadas (SFOD-D) o “Fuerza Delta” como normalmente es conocido, fue tan bueno en lo suyo que a la edad de veintiocho años contaba con el rango de Mayor, categoría que normalmente conseguirías con al menos unos catorce años en el ejército, a él solo le bastaron once. A su favor tenia el manejo de tres idiomas además del inglés, hablaba, escribía y entendía muy bien el español, alemán y francés. Siempre tuvo muy buena resistencia física, su inteligencia y capacidad para  analizar cada situación jugaron un papel primordial en su meteórico ascenso.

Recién había sido promovido cuándo tuvo que participar en la “Operación Libertad Duradera” en el territorio afgano. El 7 de Octubre del año 2001 se registraron los primeros ataques aéreos en la capital Kabul (Afganistán) varias unidades de la CIA, Fuerzas de Operaciones Especiales del Ejército y otras unidades del Mando de Operaciones Especiales unieron fuerzas para entrar en Afganistán e iniciar las operaciones de combate. El objetivo de la invasión era encontrar a Osama bin Laden y otros dirigentes de AL Qaeda, y derrocar el Emirato Islámico de Afganistán. Todo esto en respuesta a los atentados sobre el suelo norteamericano del 11 de Septiembre de ese mismo año, donde murieron al menos 2992 personas y unas 24 desaparecidas.(1)

Fueron años difíciles para toda la familia, pues aunque entendían el patriotismo de su hijo, del cual, aún y con todo lo que ha sucedido, están súper orgullosos, como padres siempre los cimbraba el temor de perderlo a causa de la guerra que allá de estaba desarrollando. Todo estaba bien hasta agosto del 2006 cuando unos oficiales se presentaron en la puerta de la familia Miller con la triste noticia de la muerte y desaparición de Robert Jr. Miller. Todavía todos lloramos su pérdida.

-Ey —chasquea mi amiga los dedos frente a mi rostro—, creo que te quedaste dormida con los ojos abiertos – reclama Cynthia trayéndome al presente.
- No, sólo estaba pensando, y recordando – mi amiga me da un beso en la mejilla y se dirige hacia el animado grupo de chicas con llegó.

Después de bailar un buen rato y unos tragos más, decidimos dar por terminada nuestra cita. Leo les ofrece el palco VIP pues las chicas aseguran que la noche es joven, aunque prácticamente está por amanecer, y el club no tardará en cerrar, así que por lo visto deberán continuar su fiesta en otro lado. 

La tensión que se había instalado en el ambiente desde la inesperada visita en el restaurante ha desaparecido por completo, ahora solo estamos deseosos de llegar a nuestro hogar y de esa manera continuar con nuestra pequeña fiesta privada.

Me giro extrañada cuando me doy cuenta que no vamos en dirección hacia nuestro apartamento, sino que mas bien nos dirigimos a la playa. Al llegar Leonardo estaciona el auto, se acerca a mi puerta y me invita a que lo acompañe, lo que gustosamente hago sin siquiera preguntar. Decido quitarme los tacones, y caminar descalza por la arena, mi esposo imita mi gesto, se quita sus zapatos y los calcetines. Caminamos tomados de la mano, por una hermosa playa desierta, el horizonte se colma de los vivaces colores naranjas que nos muestran un hermoso amanecer. Leo se coloca a mi espalda, rodeándome con sus brazos.




- Esta es la paz que siento cuado estoy a tu lado, Tati – susurra en mi oído – quiero que nunca dudes del amor que siento por ti, pues va mas allá de aquel sol que esta ascendiendo en el horizonte.
- Te amo de igual forma y medida, jamás podría dudar se este sentimiento que hay entre nosotros. Me haces inmensamente feliz, aunque de ratos me provoque lanzarte un zapato, o lo que sea que tenga a mano, quiero que tampoco pongas en duda que eres y siempre serás el amor de mi vida.  
Y sin lugar a dudas esa afirmación es cierta, sale desde lo más profundo de mi corazón.
~~~
El domingo pasamos la mayor parte del día durmiendo y descansando. El nonno Angelo nos visita con la excusa de alimentarnos, nos ha traído prácticamente el menú completo de nuestro restaurante chino favorito, aunque a él no le agrada mucho ese tipo de comida, hace lo que sea por complacernos. Después de rogarle de mil y un maneras posibles que nos acompañe a comer, acepta con al condición de irse apenas terminemos, quiere darnos nuestro “espacio”. Abuelito alcahueta, por eso lo amo tanto.

Recibo una llamada desde mi adorada Venezuela, mi abuela me cuenta prácticamente lo ha hecho desde la última vez que hablamos, lo cual gracias al cielo fue hace cinco días, sino de seguro estaría al teléfono mínimo hasta el martes de la semana siguiente.  Me da una noticia tan maravillosa que olvido por un momento, que nuestra vecina de toda la vida,  tuvo que sacrificar casi todas las gallinas de su patio pues estaban enfermas con no sé cual enfermedad, y que ahora hay plumas por doquier, esos son los detalles que no me importaría pederme en las conversaciones con mi abue.

Resulta que Valeria quién estaba esperando respuesta para hacer una pasantía aquí en Miami, no quiso darnos ningún detalle. A pesar que Leonardo le ofreció podía hablar con algunos amigos, ella quería lograrlo sola. Y pues lo consiguió. En un mes aproximadamente estará viajando para instalarse, pues el curso comienza en sesenta días.  Brinco y grito de la emoción, a pesar que somos muy distintas amo a Val con todo mi corazón y me alegra mucho tenerla cerca.  Cuelgo con mi abuela para llamarla directamente, no le va a gustar mucho que a Aurora se la haya escapado la información, estoy segura que quería avisarme ella misma. Le marco inmediatamente.

- Ya veo que la abuela no puedo cerrar el pico – es su saludo
- Valeria, no te expreses así de ella, en realidad simplemente se le escapó – intento defender a mi abue, aunque la verdad estaba muerta por decírmelo, pero que puedo hacer esa viejita es mi debilidad.
- Sí, sí, sí, y resulta que por tener mas de seis meses de abstinencia te convierte en virgen nuevamente ¡puros cuentos! – Dice entre risas – pues ya estas enterada hermanita, ya pronto me tendrán por allá, estoy tan feliz
- Estoy orgullosa de ti Val, lo conseguiste por tus propios meritos. Recuerda que el apartamento…
- Ya les dije que no pienso quedarme con ustedes, por Dios están recién casados y deben estar haciéndolo como conejos.
- VALERIA- le riño
- ¿Qué? – Finge estar sorprendida por mi grito–. Al menos es lo que yo haría, en fin. Ya encontré un lugar, voy a compartirlo con una compañera del curso, aunque no la conozco personalmente, hemos hablado y chateado unas cuantas veces, parece buena chica.  Viene de Italia, así que quizás logre aprender un poco de italiano.

Pasamos unos treinta minutos mas haciendo planes para cuando venga, hablando de todo y de nada. La pongo al día con lo ocurrido en la inauguración del restaurante del chef Owen y mi malvada hermana no para de reír. Dice que no puede esperar y conocer a Kate, y darle algunas ideas para vengarse de su hermana. Leo va a poner el grito al cielo. Nos despedimos prometiendo hablar la próxima semana.

Decidimos acostarnos temprano pues esta semana hay bastante trabajo, mientras estoy dejando la cafetera preparada para el día siguiente, le cuento a Leonardo las nuevas noticias. Se alegra mucho por Val y decide enviarle un mensaje de whats app para felicitarla, y por supuesto reclamarle el hecho que prefiera vivir con una desconocida que con nosotros. Le explico que no pierda el tiempo, no hay manera que la haga cambiar de idea a una tozuda como lo es Valeria. Mi sorpresa es mayor cuando Leo me dice que ha hecho un trato con mi hermana, y al menos un o dos fines de semana al mes vendrá a quedarse con nosotros.  Definitivo, este hombre le vendería shampoo hasta a un calvo.

El lunes pasa volando, en la oficina la tensión solo aumenta, al igual que los rumores de venta de la compañía. Muchos están nerviosos porque temen perder sus empleos. Pero nadie aclara, no niegan ni confirman nada, por lo que las especulaciones crecen con el pasar de las horas.

 En la tarde nos llaman para auditar a un complejo inmobiliario, por lo que llego súper tarde al apartamento y muerta del cansancio. Saludo a Leo que esta en su oficina terminando unos pendientes. Como se hacia tarde cené con mis compañeros del trabajo, le pregunto por su comida, me explica que él se preparó un sándwich. Me disculpo y prometo hacer lo posible de no volver a faltar a la comida, menos cuando en todo el día no hemos logrado vernos. Me pide no me preocupe.

Subo y voy directo a darme un baño, muero por mi cama. Estoy saliendo del vestidor cuando veo a Leo que esta esperándome, se ha quitado la camisa, solo lleva el pantalón de la pijama dejando su perfecto torso al descubierto, a verlo todo el cansancio del día se desvanece como por arte de magia.

Sin darme cuenta me encuentro desnuda debajo del sexy cuerpo de mi esposo, su boca esta sobre la mía, devorándome, recorriendo mi cuerpo con su lengua, como una deliciosa tortura, haciéndome olvidar las preocupaciones y el mundo exterior. Dejando sólo este amor y la necesidad de estar juntos. Hacemos el amor, pausado, aprovechando cada caricia, reafirmando con nuestro cuerpo lo que nuestros corazones sienten.



El martes se va igual de rápido entre trabajo y estrés por aún no tener noticias de lo que en realidad está ocurriendo con la compañía. Hoy si logro salir temprano, además que debo hacerlo, pues nos vamos a reunir a cenar con los padres de Cynthia. Así que debo apresurarme si quiero llegar a tiempo, quiero pasar por el apartamento para poder cambiarme.

Estoy casi lista cuando escucho a Leo entrar a la habitación. Me da un beso y pasa rápidamente a asearse y cambiarse, en menos de veinte minutos estamos saliendo por la puerta rumbo al  hotel donde se hospedan los Miller, que no es más que The Ritz-Carlton en Key Biscayne.



Llegamos y subimos directo al PH que normalmente habitan cuando vienen de visita, por supuesto mi amiga esta en brazos de su padre quien la mima como si fuera una niña de cinco años, es la consentida del Sr. Miller, y cómo no. Después de saludar con un abrazo a la Sra. Miller, me acerco al hombre que aun esta con su hijita en brazos.



- A ver Cynthia, suelta a este maravilloso hombre – digo mientras la empujo a un lado – que es mi turno de apapachos.
- Tú tienes tu hombre allí de pie para que te consienta, no te robes al mío – finge estar molesta aunque la sonrisa en su cara la delata.
- Deja los celos y ven acá flaca, deja que tu viejo le de algo de cariño a Tati – dice Leo tomándola del brazo – mientras yo te doy algo del mío, que hay bastante para las dos.
- Vaya esa es una oferta que hay que pensar, pues te explico D’Lucca – dice una muy seria Cynthia – no soy una chica fácil de convencer. Por muy necesitada que pueda estar – dice muy bajito por lo que su padre no logra escucharla.

Luego de la pequeña disputa por el cariño del patriarca Miller, donde ambas salimos beneficiadas, pasamos directo al comedor. Donde disfrutamos una rica cena en familia, así es como Robert y Carolina nos hacen sentir en todo momento. Como es de esperarse los hombres comienzan hablar de negocios, economía y política, a lo que Cynthia y yo ponemos los ojos en blanco, si no miré mal, creo que hasta la Sra. Miller lo hace. Como la verdad lo que menos queremos es pasar el tiempo entre aburridos temas, al menos de momento, decidimos irnos al salón y así conversar más a gusto. Las mujeres Miller se emocionan mucho cuando les doy la noticia de la pronta mudanza de mi hermana, por su puesto mi parrandera amiga dice que debemos prepararle una súper fiesta de bienvenida. Conociendo a Val, estoy seguro le encantará. Ya planearemos algo para recibir por todo lo alto a la pequeña de la casa en la soleada Miami.

La noche termina sin siquiera darnos cuenta, es que cuando se esta pasándola tan bien el tiempo vuela. Nos despedimos de la familia Miller, pues como sus padres solo estarán dos días más, mi amiga decide quedarse a dormir con ellos. Entres besos, abrazos y promesas de un próximo encuentro nos dirigimos a nuestro apartamento.

El viernes llega, y con ello la tarde de chicas que tenemos planeada, con la excusa de la bienvenida a Megan. A las seis de la tarde estoy entrando puntualmente a Clevelander, lugar donde decimos iniciar la fiesta, palabras de Kate. Al entrar veo a la rubia O’Conner haciéndome señas. Después de saludarnos, conversamos de todo de cosas sin mucha importancia, la ciudad, clima, bebidas, ropa, y en todo ese rato no puedo dejar de pensar lo mismo que el día que la conocí, esos ojos me son tan familiares, ahora que le detallo mas puede notar algunos gestos que estoy segura he visto en alguien mas. Pero no puedo pensar mas en eso pues llegan Cynthia y Kate para completar el mágico cuarteto de hoy.



Luego de unas cuatro horas, una rica cena, y mas bebidas de las que deberíamos haber ingerido, Kate propone lleguemos hasta Mango’s Tropical Café, así podemos bailar un rato y sudar algo del licor que hemos tenido. Además asegura hoy habrán algunos shows muy divertidos. Sin pensarlo mucho, cancelamos la cuenta y como nos queda cerca optamos por irnos caminando. El lugar está empezando a llenarse y hay una buena cantidad de personas esperando para poder ingresar, pero como es de esperar Cynthia “conoce a alguien” que nos dejará entrar sin hacer cola. Aunque en estos momentos se lo agradezco, pues no me apetece mucho tener que hacer una larga fila.


Vamos directo a la barra para pedir la primera ronda de cócteles, brindamos y enseguida nos dirigimos a la pista. Después de bailar unas cuantas canciones como cuatro colegialas, ya cansadas y sedientas volvemos para rellenar nuestras copas, el bartender nos atiende de inmediato ganándose risas y guiños de mi coqueta amiga Cynthia. No puedo negarlo la mayoría de ellos aquí son muy sexys. Como si me estuvieran escuchando tres de ellos se suben a la barra e inician un sensual baile, ganándose los gritos y aplausos de las féminas del publico, de seguro a la parte masculina le tocara el suyo en breve, pues las chicas que atienden aquí son famosas por sus bailes.



Estamos buscando una mesa donde podamos descansar y reponer algo de nuestras fuerzas, cuando la persona que menos esperé encontrarme de nuevo, y menos sin haber escuchado la versión de mi esposo, esta justo en frente de nosotras.

- Sabía qué volveríamos a encontrarnos, Tatiana – la voz Aaron me sorprende, este hombre me trata como si fuéramos dos amigos que llevan tiempo sin verse.
- Sr. Foster – no quiero darle pie a confianzas, así que mientras más formal sea el trato mejor. Él sonríe ante mi saludo, pero no capta mi indirecta, pues de inmediato se presenta con mis amigas, sin darme chance de decir nada más.
- Señoritas, soy Aaron Foster, podríamos decir que soy un viejo amigo de Leonardo, y hace solo unos días nos reencontramos y tuve el placer de conocer a su bella esposa – suelta su discurso sin dejar de mirarme de una manera que me hace sentir incómoda. Le da un beso a cada una de las chicas y cuando se acerca a mí, soy salvada por mi celular que ha decidido este maravilloso momento para vibrar.

Me disculpo para atender, y quien mas podía ser que mi adorado esposo, que sin saberlo me ha rescatado. Me pregunta como estamos y en dónde, luego de decirle el lugar, quiere saber si estoy bien para manejar o necesita que nos recoja para dejarnos a todas a salvo en nuestros respectivos hogares. Le pido nos de unos cuarenta y cinco minutos, y al menos puede pasar por mí.

Las chicas están sentadas en una mesa, gracias a Dios solas, por lo que inmediatamente me relajo. Les explico de la llamada, Kate esta de acuerdo en terminar la jornada, pero Megan y Cynthia deciden quedarse un poco más.

Estamos en la última ronda, en lo que a mí respecta, cuando me llega un mensaje de Leo para decirme que esta justo en la entrada del local esperándonos. Nos despedimos de nuestras amigas, pidiéndoles por favor se cuiden y no beban de más.

Tal como prometió, Leonardo se encarga de llevar a Kate, y luego vamos directo al apartamento. Ni cuenta me doy que hemos llegado, hasta que siento unos familiares brazos deslizarse por debajo de mis rodillas, no pongo resistencia alguna y dejo que mi esposo me lleve cargada. Me vuelvo a dormir. Cuando nuevamente abro los ojos ya estoy acostada en mi cama, por lo que sin pensar si en quitarme maquillaje o quitarme la ropa caigo de nuevo en los brazos de Morfeo.

Me despierto sobresaltada cuando escucho el teléfono sonar, intento levantarme pero todo me da vueltas, Leo me da un beso en la cabeza y se levanta a atender. A lo lejos escucho parte de la conversación.
- Si, soy Leonardo D’Lucca, su esposo. Ella no puede atenderla está indispuesta – hace una pausa en la que asumo escucha lo que la otra persona tiene qué decirle – Sí, por supuesto que la conozco. ¿En dónde está? - Luego de otra pausa donde escucha atentamente lo que le están diciendo, responde  - De inmediato salimos para allá.






(1)         Datos tomados de http://es.wikipedia.org/wiki/Atentados_del_11_de_septiembre_de_2001